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Dominus Acebuche se elabora con los frutos recolectados a mano de los acebuches silvestres que crecen a 600 metros de altitud en las laderas de los cerros del Cortijo Virgen de los Milagros, en las estribaciones del Parque Natural de Sierra Mágina.

Rodeados de una masa forestal protegida, que incluye plantas aromáticas como el tomillo, la ajedrea y el romero, nuestros acebuches silvestres nacen espontáneamente y se desarrollan de forma natural, en perfecta aclimatación al entorno montañoso.

La recolección de sus frutos es necesariamente manual, y se lleva a cabo mediante el cuidadoso sistema del ordeño. La inmediata extracción en frío de los frutos recolectados nos proporciona en cada cosecha alrededor de 950 litros de aceite de acebuchina de una extraordinaria calidad y con un altísimo contenido en antioxidantes naturales.

Perfil de cata

Aceite de profunda nariz con intensos aromas verdes. Los aromas secundarios expresan matices silvestres que se apoyan en la alcachofa, la bellota cruda y la planta de tomate. Impresiona su paso en boca donde amargo y picante compiten en máxima armonía. Los tonos verdes tales como almendra, madera y romero quedan sellados en perfecto equilibrio, permaneciendo en la memoria su fresco y largo retrogusto.

Poderoso, agreste, indómito y a la vez dulce y delicado, fiel reflejo de lo que significa la naturaleza salvaje en estado puro.

El acebuche y el aceite de acebuchina

El acebuche, en botánica Olea europea var. sylvestris, ancestro del olivo, se encuentra en el Parque Natural de Sierra Mágina desde el fin de la última glaciación, cuando aparecen poblaciones endémicas a considerable altura sobre el nivel del mar, en un entorno de clima mesomediterraneo en el que se alcanzan temperaturas de 40°C en verano y bajo 0°C en invierno.

La altura sobre el nivel del mar, la extraordinaria amplitud térmica a lo largo del año y el estrés hídrico provocado por los habituales periodos de sequía, crean en los acebuches autóctonos de Sierra Mágina una mayor respuesta en forma de componentes bioactivos del fruto, que se traduce en mayor contenido de antioxidantes (tocoferoles y polifenoles) y vitaminas A, D, E y K, en el aceite de acebuchina.

Los acebuches silvestres que nacen de forma espontánea son ejemplares con un genoma único, irrepetible y distinto al del resto de acebuches, en esto se diferencia de todas las variedades de olivo (el acebuche «domesticado», introducido en la Península Ibérica por los fenicios) que comparten el genoma propio de cada variedad de aceituna.

En los cerros del Cortijo Virgen de los Milagros, a 600 metros sobre el nivel del mar, los acebuches salvajes presentan las siguientes características:

  • Pueden nacer en entornos rocosos, aprovechando las fisuras de la roca para su desarrollo inicial, siendo numerosos en las alturas de nuestros cerros.
  • Se desarrollan como árbol o arbusto y no suelen alcanzar gran altura.
  • Desarrollo vegetativo muy lento y gran longevidad.
  • Muchos ejemplares no proporcionan acebuchina, son emisores de polen, este polen será genéticamente preponderante sobre cualquier polen de olivo.
  • Tronco grueso, robusto y bulboso en su base, con forma de pata de elefante.
  • Ramas espinosas de color grisáceo, las hojas suelen ser de aspecto redondeado y tamaño muy inferior al de la hoja de olivo.
  • De igual forma la acebuchina es mucho más pequeña que cualquier variedad de aceituna a igual punto de maduración del fruto.
  • Encontramos distintas tipologias en las acebuchinas: algunas resultan especialmente pequeñas, sin apenas pulpa, otras presentan un calibre algo mayor y formas más cuadradas o alargadas.
  • El pedúnculo que une el fruto con las ramas terciarias es siempre de un extraordinario vigor, siendo habitual observar acebuchinas deshidratadas, de añadas anteriores, unidas aún a la rama.

Propiedades del aceite de acebuchina

Las principales diferencias, en cuanto a componentes bioactivos con propiedades medicinales – nutricionales, metabólicas, dermatologicas – que encontramos entre la aceituna, el fruto del olivo y la acebuchina, que nos proporciona su ancestro el acebuche, son medibles en el análisis químico.

Estudios científicos demuestran que en el aceite de acebuchina encontraremos características especiales, con un mayor contenido de (*):

Acido palmitoleico: reducción de la obesidad

Acido graso monoinsaturado muy beneficioso para nuestra salud que ayuda a evitar el aumento de peso. Según el Departamento de Bioquímica de la Universidad de Oxford, es utilizado de forma intensiva por las enzimas que controlan la oxidación de la grasa.

Sitostanol: mejora de la salud cardiovascular

Fitoesterol vegetal, autorizado por la FDA de Estados Unidos desde el año 2000 para la prevención de enfermedades del corazón por su capacidad para reducir el colesterol LDL y aumentar el colesterol HDL, logrando el perfecto equilibrio entre ambos.

Alfa tocoferol: reducción del envejecimiento celular

Antioxidante natural que nuestro organismo sintetiza como vitamina E y que posee la propiedad de proteger los ácidos grasos de nuestras membranas celulares del efecto de la oxidación pues neutraliza la acción de los radicales libres.

(*) Fuente: Jesús Espejo Maqueda, Departamento de Química Analítica de la Universidad de Sevilla: Estudio analítico comparado entre el aceite de acebuchina y el aceite de oliva virgen.

Oleocanthal

Antiinflamatorio natural de propiedades saludables para nuestro cuerpo, presente en el aceite de acebuchina y en el aceite de oliva virgen extra, especialmente si presentan un cierto picor o amargor en su sabor. Posee importantes beneficios para las enfermedades cardiovasculares y neurodegenerativas, así como para el desgaste de las articulaciones. Además, ensayos in vitro han demostrado que es capaz de aniquilar células cancerígenas, por lo que podría aportar beneficios en la prevención del cáncer.

El ejercicio físico, una dieta saludable y el consumo regular de aceite virgen extra de alta calidad promueven la respuesta inmune contra infecciones bacterianas y víricas, el Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad de Jaén demostró que se ve incrementada la cantidad de células que participan en el proceso defensivo de nuestro organismo, aportando una mayor resistencia de nuestro sistema inmunitario ante la acción de virus y agentes patógenos externos.